SERPIENTES

INTRODUCCION
Las serpientes son animales pacíficos y poco agresivos; en general huyen del hombre. Cuando muerden al hombre lo hacen en defensa propia y casi siempre en su ambiente natural, ya sea porque una persona se interpone accidentalmente en su camino o porque se sienten amenazadas. Existen dos tipos de serpientes, las venenosas y las no venenosas.
Ante la mordedura de una serpiente debemos considerar la posibilidad de tres complicaciones muy diferentes y graves a la vez: la infección, las reacciones alérgicas y el envenenamiento.
Infección
Las probabilidades de infección en este tipo de lesiones es sumamente alta, esta probabilidad puede bajar significativamente con el tratamiento prematuro de las heridas según el protocolo de campo. Estas heridas son siempre consideradas como de alto riesgo de infección, debido a que la saliva de los animales suele estar repleta de todo tipo de microorganismos patógenos, los cuales al entrar en contacto directo con nuestro tejido celular subcutáneo, vasos sanguíneos, etc., determinan las probabilidades de infección local o un consecuente Shock Séptico.
Reacciones alérgicas
Las reacciones alérgicas o anafilácticas son una causa importante de muerte en los accidentes por animales. La razón de tales muertes es la reacción alérgica o de anafilaxis manifestada en sus formas más severas como Shock Anafiláctico, edema laringeo o ambas a la vez.
Estas reacciones no son propias ni constantes en ningún tipo de envenenamiento por animales ponzoñosos, ni se debe en realidad al estado de envenenamiento, se trata de una posibilidad que puede ocurrir en la mordedura de cualquier serpiente o en la picadura de un insecto u otro animal venenoso, aun en los más inocuos. También pueden acontecer como consecuencia de suero antivenenoso. No dependen de la cantidad o actividad del veneno, sino de la naturaleza proteínica, alérgica, por lo tanto las reacciones anafilácticas son una respuesta anómala y desmesurada del organismo de ciertas personas sensibilizadas a la proteína contenida en los venenos o en los sueros antivenenosos, no reconocidas como propias por el sistema inmunitario y rechazada por este.
Estas reacciones de hipersensibilidad pueden ser de 4 tipos fundamentalmente según la clasificación de Gell y Coumbs, interesándonos los tipo I (inmediatas) y III (tardías).
En las reacciones de tipo I o de hipersensibilidad inmediata, que es la reacción anafiláctica propiamente dicha, el mecanismo de producción es debido a inmunoglobulinas de la clase IgE o reaginas, anticuerpos de alto peso molecular que se encuentran fijos a la superficie de las células cebadas o mastocitos y de los basófilos. Los antígenos del veneno se unen a dichos anticuerpos y la reacción antígeno – anticuerpo se produce sobre tales células poseedoras en su citoplasma de gránulos de histamina. Existen otros mediadores químicos implicados en un proceso de enorme complejidad, y que contribuyen a la inflamación y al edema, por vasodilatación y aumento de la permeabilidad vascular y al igual que la histamina, inducen urticaria, angio edema, bronco espasmo, hipotensión arterial y colapso cardio vascular o shock. Las manifestaciones clínicas de las reacciones alérgicas inmediatas oscilan en gravedad entre las leves y pasajeras urticarias a las eventualmente fatales cuadros de shock anafiláctico y edema laringeo.
En las reacciones de tipo III o hipersensibilidad tardía los anticuerpos suelen ser de la clase IgG, y no están fijas a células sino que circulan libremente por la sangre uniéndose aquí a los antígenos de los venenos. En las reacciones alérgicas tardías ocurre que la atracción y activación del complemento por los inmunocomplejos, precipitados en los pequeños vasos sanguíneos hace que acudan, mediante factores de quimiotaxis, leucocitos, neutrófilos y eosinófilos, que liberan de sus lisosomas encimas proteolíticas, lo que causa daño endotelial y genera vasculitis, glomerulonefritis, enfermedad del suero. Estas reacciones tardan en producirse varios días e incluso semanas.
Shock Anafiláctico
Como otras clases de shock, se trata en definitiva de un cuadro clínico motivado por la incapacidad de mantener una correcta situación hemodinámica, manifestándose principalmente por el descenso progresivo y dramático de la tensión arterial y del nivel de conciencia. La hipotensión arterial se debe a la gran vasodilatación periférica producida por la descarga de histamina.
Puede estar causado por cualquier animal venenoso o irritante, incluso por aquellos comúnmente inocuos como los mosquitos. Su mayor frecuencia absoluta se observa por picaduras de abejas, avispas, hormigas de fuego y otros himenópteros, tampoco es raro en picaduras de medusas. En ocasiones son desencadenados no por el veneno sino por el suero antiveneno administrado, ya que este contiene anticuerpos heterólogos, y por lo tanto dotados de capacidad antigénica.
Normalmente, como en todas las reacciones anafilácticas, es precedida una picadura previa que actúa como sensibilizante, por ello son los himenópteros las más involucradas en su génesis, debido a su mayor frecuencia.
El shock anafiláctico se puede iniciar inmediatamente o bien incluso ya pasadas varias horas tras la picadura, normalmente empieza a desarrollarse de 10 a 15 minutos después. Los primeros síntomas consisten en rinorrera, estornudos, lagrimeo, inyección conjuntival, congestión facial, habones urticales, prurito generalizado, molestias faríngeas y en ocasiones, broncoespasmos con dificultad respiratoria y sibilancias a la auscultación pulmonar. La tensión arterial desciende a límites cada vez más bajos, provocando mareos, sensación de muerte inminente, taquicardia y disminución del nivel de consciencia.
El shock anafiláctico dejado a su evolución es potencialmente mortal, conduciendo al paciente a una situación de coma cada vez más profundo e irreversible debido a la falta de aflujo de sangre al sistema nervioso central.
Tratamiento según protocolo de anafilaxis.
Envenenamiento
Composición y efectos de los venenos de serpientes
Clásicamente se han venido clasificando los venenos de las serpientes en 2 grandes grupos, según sus efectos
• Neurotóxicos: Propios de los Elápidos (Serpiente de Coral en la Argentina)
• Hemotóxicos – Citotóxicos (Necrosantes): Propios de los vipéridos y crotálidos (Serpiente de cascabel y Yarará en la Argentina)
Pero en realidad, y debido a la muy heterogénea y variada composición de los venenos, ello no es tan simple, a pesar de lo que se le reconoce una utilidad practica.
Además de los efectos que causa el veneno de cada especie de serpiente, hay que considerar la cantidad de veneno que inocula y la potencia del mismo.
Sintomatología de las mordeduras de serpientes
Síndrome Neurotóxico
El dolor y la inflamación local no suelen ser muy intensos y pueden llegar a faltar por completo.
La aparición de síntomas neurológicos puede ser casi inmediata o demorarse hasta 4 o incluso 6 horas tras la mordedura.
Las primeras manifestaciones consisten en sensaciones de debilidad, mareo, nauseas, vómitos, faciculaciones musculares y hormigueo en la punta de los dedos o en el cuero cabelludo. Puede aparecer somnolencia. Luego aparecen síntomas derivados de la afectación de los pares craneales como Disfagia (dificultad de deglución con un exceso de salivación), disfonía y disartría (dificultad para hablar y para protruir la lengua), Pseudotrismus (dificultad para abrir la boca), ptosis palpebral (caída de los párpados), diplopía (visión doble y borrosa por parálisis de los músculos de los globos oculares) y midriasis (dilatación de las pupilas).
Tales síntomas son transitorios y reversibles en los casos de envenenamiento leve o moderado.
Los casos más severos añaden parálisis de los músculos del cuello y de las extremidades con ataxia (incoordinación motora) y fatiga y dificultad para respirar con movimientos ventilatorios cada vez menos perceptibles hasta llegar a la parada respiratoria.
El pronostico de este tipo de envenenamiento depende de la evolución que la víctima experimente en las primeras 4 a 6 horas, raramente hasta 20 horas, si la muerte no ha ocurrido en ese plazo, es ya improbable que suceda.
Síndrome Hemotóxico – Citotóxico
Esta causado por vipéridos y crotálidos. Luego de la mordida inmediatamente la víctima experimenta un intenso dolor que no da lugar a dudas sobre si ha habido inoculación o no de veneno. La sintomatología local es intensa y pronto aparece edema e inflamación que progresa a zonas vecinas e incluso a todo el miembro, el edema puede ser tan importante que llegue a romper la piel ocasionando también una dificultad para la circulación sanguínea y la consiguiente isquemia. En el caso de mordeduras de cara y cuello, la tumefacción puede obstruir la respiración y provocar asfixia.
Además del dolor puede haber entorpecimiento transitorio del miembro mordido. Suelen formarse ampollas y vesículas de contenido sanguinolento en lugar de la mordedura.
La citotoxicidad puede limitarse a esto o dar alguna sintomatología general en forma de cefaleas, nauseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, hipotensión arterial. Ciertas víboras y crotálidos poseen venenos tan citotóxicos y proteolíticos que originan extensos ennegrecimientos locales con grandes equimosis, necrosis tisulares y gangrena que conllevan a amputaciones de dedos y aun de miembros o perdidas de extensas áreas de piel, grasa y músculo subyacente.
Los cambios en la permeabilidad de los capilares y la exudación de plasma o de sangre no solo son locales, se han descripto casos de edema de pulmón. También pueden causar una anemia progresiva e intensa de tipo hemolítico, esta se debe a la destrucción de glóbulos rojos por enzima proteolitícas contenidas en el veneno.
Los glóbulos rojos sufren un daño mecánico al pasar por los trombos formados en los pequeños vasos sanguíneos por lo tanto hay un descenso de la hemoglobina y del valor del hematocrito.
Aparece un cuadro de coagulación intravascular diseminada, esto se debe al consumo de plaquetas y factores de coagulación sanguínea. Se da así la paradoja de una trombosis con tendencia a la hemorragia al agotarse de este modo las plaquetas y los factores de la coagulación. En consecuencia, sobrevienen manifestaciones hemorrágicas en forma de hematemesis y melenas, gingivorragias, hemoptisis, epistaxis, hematuria, equimosis y petequias. El dolor abdominal puede indicar lesiones sangrantes gastrointestinales o una hemorragia retroperitoneal. Aparte de estos síntomas de sangrado a nivel digestivo, respiratorio, renal, de piel, y mucosas, se dan hemorragias en corazón, cerebro, hipófisis, y glándulas suprarrenales.
En resumen, se llega a una situación clínica catastrófica en que el paciente aboca un estado de shock, de coma y de insuficiencia renal. El mecanismo por el que se produce la insuficiencia renal es por un lado debido a la CID (coagulación intravascular diseminada), esta causa una microtrombosis de las arterias que irrigan la corteza renal y los capilares glomerulares, por otra parte existe una importante hemoglobinuria (excreción aumentada de hemoglobina por la orina) procedente de la destrucción de los glóbulos rojos, ello da origen a una insuficiencia tubular aguda. La consecuencia de estas alteraciones es la insuficiencia renal aguda caracterizada por oligura o anuria. La orina muestra un color pardo o rojizo debido a la presencia de hemoglobina. El fracaso de la función renal condiciona la retención de toxinas que favorecen a la situación de coma.
El pronóstico en este tipo de envenenamiento depende de la aparición, lo que suele ocurrir do antes de 24 o 48 horas, es decir que la predicción sobre la gravedad y evolución de la víctima de la mordedura de una serpiente hemotóxica – citotóxica no puede hacerse tan precozmente como en el caso de una serpiente neurotoxica.
Otros síndromes
La cardiotoxicidad y la miotoxicidad no se dan en forma aislada sino que acompañan las manifestaciones clínicas y síndromes que ya hemos hablado.
El daño sobre el corazón se produce tanto por afectación de las fibras miocárdicas como por bloqueo de la inervación de estas. Pueden aparecer alteraciones como arritmias e incluso fibrilación ventricular y parada cardiaca. Algunos venenos son depresores del miocardio y disminuyen el gasto o rendimiento del corazón, lo que junto con la anemia hemolítica y las hemorragias, precipitan el shock o colapso cardiovascular.
Los efectos miotóxicos se traducen en intensa debilidad muscular que pueden persistir luego de la recuperación días o semanas, la consecuencia más grave a corto plazo de la destrucción de fibras musculares es el fracaso renal por insuficiencia tubular debido a la mioglobina excretada en exceso por los riñones, al igual que la hemoglobina. Mioglobinuria confiere un color pardusco o rojizo a la orina.
Clasificación de las serpientes
Clasificación según su aparato venenoso
Las serpientes evolucionaron a partir de algunos saurios que acabaron por perder las patas. Las más primitivas en la actualidad como las boas, aun conservan vestigios de los huesos de la pelvis y de las extremidades inferiores, así como un pulmón doble (en las demás serpientes existe un único pulmón como consecuencia del estiramiento del cuerpo)
Estas no son venenosas, seguramente la adquisición de un aparato venenoso fue paralelo a la evolución de sus presas.
La inmensa mayoría de las serpientes no son venenosas, de todas las especies conocidas en el mundo lo son menos de la quinta parte. A estas serpientes no ponzoñosas se las llama “aglifas” termino que significa que carecen de dientes inoculadores de veneno. Aglifas son todas las boas y pitones, así como la mayor parte de las numerosísimas especies de culebras.
El paso evolutivo siguiente es el que muestran las serpientes llamadas “opistoglifas”. En estas los dientes posteriores de los maxilares superiores son algo más grandes que los demás, suelen presentar un canal en su cara anterior y estas están conectadas a glándulas salivales modificadas productoras de una saliva débilmente ponzoñosa. Debido a la posición retrasada de los dientes venenosos tales serpientes deben retener a su presa en inocularle el veneno mientras lo tragan, no pueden realizar esta acción sobre animales grandes, salvo de que se trate de serpientes tan grandes y con una boca también amplia. La cual deba morder durante un buen rato para inocular alguna cantidad de veneno.
Tan solo se sabe de unas pocas serpientes opistoglifas que han causado casos severos incluso mortales de envenenamiento en personas, en Argentina, no existen serpientes opistoglifas que sean peligrosas.
Un siguiente estado mas evolucionado esta representado por las serpientes conocidas como “proteroglifas ” Grupo en el que se incluyen especies tan venenosas como las cobras, Mambas, Bungaros, Serpientes de Coral (Argentina), y demás elápidos y serpientes marinas. El veneno, más potente, es inoculado de forma más rápida por un par de dientes o colmillos situados en la parte anterior de los maxilares superiores y a menudo por el par siguiente que puede desplazarse a suplir a los otros si se rompen. Estos dientes están profundamente acanalados y en algunos casos presentan un canal cerrado. Saliva y veneno están separados en las glándulas por una facia membranosa. Este tipo de serpientes han de morder durante cierto tiempo para inocular suficiente cantidad de veneno.
Donde el aparato venenoso ha llegado a su máximo grado de sofisticación es en el de las serpientes “solenoglifas”. Los ofídeos de este subgrupo, que son las víboras y crotálidos poseen dos colmillos anteriores muy grandes, bien distintos a los demás que son diminutos. A diferencia del resto de las serpientes venenosas, en las que los colmillos están perfectamente erectos y fijos al maxilar, en las solenoglifas son tan grandes que la boca no podría cerrarse, y por ello se disponen en su base una articulación móvil que les permite que queden abatidos sobre el paladar en posición de reposo, irguiéndose mediante unos músculos y un juego de palancas óseas cuando el reptil desea morder. Dichos colmillos tienen forma de gancho, y su conducto interno desemboca cerca del ápice. Por su base se encuentra en comunicación con las glándulas venenosas, se trata de dos glándulas, una de cada lado de la cabeza, procedentes de las salivales muy modificadas. Estas son comprimidas por los músculos temporales y masticadores cuando el reptil muerde, liberando el veneno a los colmillos tubulares, y conducidos a presión hasta el punto de inoculación. Es un sistema de inyección de veneno y no de deslizamiento del mismo. Este dispositivo logra inocular mucha cantidad de veneno en forma casi instantánea por lo que las serpientes que lo poseen no precisan retener a su presa para envenenarla.
El perfeccionamiento del aparato venenoso es una adaptación destinada a que el contacto con la presa o el enemigo sea el menor posible.
Clasificación taxonómica de las serpientes venenosas
Las serpientes, suborden serpentes, pertenecen a la clase reptilia, y al orden Squamata, su taxonomía puede cambiar con alguna frecuencia.
Familias

Colubridae (culebras), solo tienen representantes medianamente venenosos que son las culebras de colmillos posteriores. La inmensa mayoría son inofensivas o medianamente venenosas. Son ofideas activos y de ágiles movimientos con pupilas redondas (pueden ser elípticas en algunas especies), cola larga, cuerpo delgado y cabeza algo más ancha que este. Las culebras son en mayor parte “Aglifas” existiendo un pequeño grupo de culebras “opistoglifas”.
Las culebras “opistoglifas” son pues, las únicas que nos interesan por tener un rudimentario y primitivo aparato venenoso.
En América central y Sudamérica (incluyendo a la Argentina) Están las serpientes de ojo de gato, de pupilas verticales o falsas víboras de cuerpos gruesos y cabeza triangular.
Serpientes Falsas corales y falsas Yarará en la República Argentina. Todas ellas tienen colmillos posteriores inoculadores de saliva medianamente ponzoñosa. Los efectos en las personas son poco graves, Lystrophis semicinctus (FALSA CORAL), Philodryas patagoniensis (FALSA YARARA).
Algunas Culebras argentinas
Nombre vulgar:
Boiruna maculata (Conocida como Musurana)

Musurana es una especie reconocida por ser primordialmente ofiófaga, es decir, se alimenta de víboras venenosas, utilizando una combinación de su musculatura y mordeduras que descargan una sustancia semitóxica.
Los ejemplares jóvenes se distinguen por los llamativos e intensos colores de su cuerpo y en estado adulto alcanza un tamaño considerable (2,20 metros aproximadamente).
Su nombre deriva del guaraní “mbusú-rá” (mbusú: anguila, rá: será).
Se encuentra en la provincia de Misiones.
Chiromius quadricarinatus maculorentris (conocida como cipó marrón.)

La cipó marrón es una culebra arborícola. Su largo llega aproximadamente a 1,30 metros. Se caracteriza por poseer la cabeza bien diferenciada del cuello; el ojo es grande o muy grande, con la pupila redondeada y la cola es larga.
Es una especie ovípara, terrestre y diurna. Presenta 10 ó 12 hileras de escamas dorsales, usualmente con reducción, aquilladas o lisas, con fosetas apicales y dispuestas oblicuamente.
Se encuentra distribuida por la provincia de Misiones.
Leptophis ahaetulla (conocida como culebra verde, cipó verde, bejuquillo verde.)

La Leptophis ahaetulla llega a medir hasta 2,25 metros. El cuerpo es fino y alargado con una cabeza elongada y ojos grandes.
Opistóglifa y con veneno levemente tóxico (posee de 18 a 36 dientes maxilares que aumentan de tamaño hacia la parte posterior de la boca). Se alimenta de otros anfibios y reptiles (lagartijas y otras serpientes y culebras), pequeñas aves y huevos, a través de un método de caza activa: deambula y toca a sus presas con la lengua (la mayoría de sus presas son hílidos de hábitos nocturnos que permanecen inmóviles durante el día), a diferencia de otras especies de colúbridos que practican técnicas de caza “al acecho”. Se cree que la “caza activa” ha determinado naturalmente la evolución del cuerpo de Leptophis ahaetulla hacia un tipo de mayor fortaleza y agilidad.
Su cuerpo es alargado y se destacan sus ojos con amplias pupilas. El dorso presente un color verde uniforme. Esta es una culebra ovípara (pone de 1 a 3 huevos).
Philodryas patagoniensis
La coloración general es en tonos de verde, generalmente oscuros y poco brillantes. De todos modos el patrón de coloración es variable, al igual que el diseño. Principalmente en crías se observan series de manchas definidas, oscuras a lo largo del cuerpo, tanto sobre los flancos como en la región dorsal. El vientre es claro, blanquecino.
Puede llegar a medir 1.5 m de longitud total. Se encuentra normalmente en el sustrato aunque puede trepar también sobre los arbustos y árboles pequeños. Se alimenta de una gran variedad de vertebrados, y también sobre invertebrados.
Las serpientes del género Philodryas son consideradas no venenosas, pero el veneno de la Philodryas patagoniensis tiene una marcada actividad hemorrágica y actividad proteolítica. Hay en el veneno proteasas capaces de alterar la pared vascular y degradar el fibrinógeno, siendo ambas actividades responsables de una elevada actividad hemorrágica.
Lystrophis semicinctus (Falsa Coral)

Lystrophis dorbignyi (Falsa yarará ñata)
Se trata de una especie de pequeño tamaño, no superando generalmente los 600 mm. La cabeza es pequeña con la placa rostral modificada, especializada para cavar, lo que da al hocico un aspecto respingado. Los ojos presentan pupila circular. El cuerpo es grueso y la cola corta. Escamas dorsales lisas, con 21 filas en el medio del cuerpo. La coloración dorsal es variable, encontrándose ejemplares en amarillo o castaño suave, presentando tres series de manchas subcirculares negras, las cuales pueden unirse en ciertos casos para formar bandas. En algunos ejemplares pueden ingresar tonos rojizos en los flancos del cuerpo. Sobre la cabeza se observan tres bandas subsecuentes negras en forma de V. La coloración ventral es característica con un cuadriculado irregular en tonos de rojo y negro.
Oxyrhopus rhombifer (Falsa Coral de rombos)
Elapidae (elápidos): Familia que incluye a las cobras, Mambas, Bungaros, Serpientes de Coral (esta especie es la única en Argentina), Serpientes Marinas.
En todos estos ofideos el aparato inoculador de veneno es del tipo “proteroglifo”. Todos los elápidos sin excepción son en mayor o menor grado ponzoñosos.
Cobras: Por su aspecto las cobras parecen grandes culebras, pero al sentirse agredidas o irritadas, dispersan todas las dudas sobre su identidad ya que se yerguen y expanden la piel a ambos lados del cuello la cual es tensada por las costillas cervicales que tienen una articulación móvil con la columna vertebral. Esta es una pauta disuasoria previa al ataque. Estas no existen en el continente Americano.
Mambas: Ubicadas en el continente Africano.
Bungaros: Elápidos Asiáticos
Serpientes de Coral: Los elápidos americanos son más conocidos como serpientes de coral o coralillos. Todas las serpientes de coral son más bien pequeñas, no suelen exceder del medio metro de longitud, aunque algunas alcanzan hasta el metro y medio. Se las encuentra desde los desiertos de los EEUU y México hasta las selvas tropicales de América del Central y del Sur. Su pequeña boca y sus dientes proteroglifos también pequeños, así como su carácter pacifico, hacen que causen pocos accidentes fatales, no obstante poseen un potente y activo veneno muy neurotóxico. Los niños son mordidos más frecuentemente, ya que se ven atraídos por sus vividos colores. Casi todas exhiben una característica sumamente llamativa, pauta cromática con secuencias alternativas de franjas o anillos, negros, rojos y amarillos o blancos lo que hace muy difícil distinguir a una especie de otra. Ello se complica aun mas debido a que existen culebras “aglifas” (del todo inofensivas) que ostentan también coloraciones coral, existiendo también culebras de colmillos posteriores (medianamente venenosas) con coloración coral.
Debido a que hay unas 75 especies de serpientes Americanas con coloración coral involucradas en esta forma de mimetismo, es difícil para los herpetólogos diferenciar a las especies, tanto más para personas legas en la materia.
Serpientes de Coral Argentinas
Micrurus corallinus

Micrurus corallinus: Es una de las dos especies conocidas como “coral verdadera o venenosa”. No supera 0,90 metros de largo. Su cuerpo presenta una sucesión de anillos negros rodeados por finas fajas blancuzcas. La cabeza, negra y atravesada por una banda blanca, es pequeña y no se diferencia del resto del cuerpo por lo que suele confundirse con algún tipo de culebra.
Sus hábitos son nocturnos. Se alimenta de otras serpientes, culebras y anfibios, en muchos casos de un tamaño mayor al de ella.
Su veneno es muy peligroso (ataca el sistema nervioso) aunque los accidentes con este tipo de ejemplares es una incidencia muy baja, dado su carácter huidizo y defensivo.
Ante el peligro suele enrollarse, escondiendo la cabeza bajo el cuerpo, y dejando a la vista la cola, muy semejante a la cabeza, confundiendo a su predador, y atacándolo finalmente con sus pequeños colmillos.
Micrurus frontalis (también conocida como Coral, Cobra coral de cabeça preta, coral verdadera e ibiboboca.)

Los individuos de esta familia son usualmente de hábitos subterráneos, aunque también suelen movilizarse entre las hojas en el suelo. De movimientos lentos, raramente se quedan quietas y ante la distracción del observador desaparecen con facilidad.
Alcanzan los 0.90 metros. Con cabezas pequeñas y colores llamativos. Los colmillos están permanentemente erectos, no retráctiles (proteróglifas), quedando fuera de la boca pero dentro del labio. Ovíparas.
Con razón se afirma que asemejan más a una culebra que a una especie venenosa; no poseen foseta loreal termorreceptora, ni colmillos retráctiles, ni cabeza diferenciada del cuerpo. Sí presenta escamas pequeñas y lisas, no resulta agresiva. Sólo se producen accidentes cuando se la intenta manipular. La incidencia llega, por ejemplo en Brasil, del 0.7 al 1%. Pero su veneno es muy potente, neurotóxico, paraliza los nervios que controlan el diafragma, causando insuficiencia respiratoria aguda.
M. frontalis se alimenta de huevos de reptiles, lagartijas, serpientes ciegas y otros amphisbaénidos, a los cuales identifica por olfato y vista.
Su coloración es aposemática (colores rojos y naranjas suelen ser indicadores de peligro, mal sabor o sensación desagradable), y muchas especies no venenosas “copian” esta característica para mantenerse a salvo de sus predadores (mimetismo producido por selección natural).
Víboras: Las serpientes con un aparato venenoso más evolucionado son los vipéridos, familia que incluye a las víboras y sus parientes, las serpientes de cascabel y demás víboras de fosetas. Se divide así esta familia en dos subfamilias principales, “viperinae” y “crotalinae”, que se diferencian respectivamente por la ausencia o presencia de fosetas loreales termosensibles
Viperinos y Crotálidos son serpientes de cabeza grande y triangular, conformación debida a la presencia de voluminosas glándulas venenosas. La cabeza esta bien diferenciada del cuerpo y tienen en su recubrimiento externo unas pequeñas escamas. El cuerpo es más grueso y la cola corta. Las pupilas son siempre verticales adaptadas a una visión nocturna ya que suelen cazar de noche o en lugares umbríos. Normalmente tienen libreas de camuflaje, poco llamativas en su entorno, con dibujos frecuentemente geométricos con triángulos y zig – zag, que descomponen su silueta entre las hojas del suelo y el claroscuro de la vegetación. Muchas especies de víboras frotan sus anillos o hacen oscilar la cabeza antes de atacar, algunas emiten bufidos disuasorios. El aparato venenoso, es del tipo “Solenoglifo” y los venenos son Citotóxicos – Hemotóxicos, produciendo necrosis celular locales con gran inflamación y edema, ennegrecimiento de la carne y hasta gangrena en las inmediaciones de la mordedura. También alteraciones de la coagulación de la sangre y de la permeabilidad de los vasos y hemolisis.
En menor grado son neurotoxicas y pueden causar desde parálisis transitoria del miembro mordido a parada respiratoria, este ultimo o es causa común de muerte como ocurre en la mordedura de Elápidos y Serpientes Marinas.
Las características de la ponzoña dependen de cada especie.
Serpientes de Cascabel: De las víboras solo se diferencian por poseer a ambos lados de la cabeza, entre los ojos y las ventanas nasales, un par de orificios o depresiones llamadas fosetas loreales, cuya función es la de detectar radiaciones infrarrojas. Por esta razón los crotálidos son conocidos como víboras de fosetas pudiendo considerarse por tales órganos y por su aparato venenoso, las serpientes más modernas y evolucionadas.
Sus representantes más característicos son las serpientes de cascabel o crótalos propiamente dichos. Se llaman así por presentar un notable dispositivo sonoro en la cola, verdadero cascabel. Constituido por varios fragmentos córneos, huecos, trilobulados y engarzados entre si como las cuencas de un rosario. Las serpientes de cascabel están extendidas por el continente Americano desde Canadá a Argentina, con unas 30 especies. Encontrando solo una en nuestro país. La gravedad de la mordedura de una serpiente de cascabel varía según el tamaño y la especie. Todas poseen fuertes venenos citotóxicos – hemotóxicos que causan grandes edemas y necrosis tisular, la insuficiencia renal también es posible. No obstante y pese a la seriedad que puede entrañar la mordedura de una serpiente de cascabel, solo resultan mortales un 3% de los casos (en los EEUU).
Cascabel argentina

Fondo de color café, con rombos dorsales café oscuro a negro, rodeados de escamas blancas. Las escamas son grandes y aquilladas, dándole a esta especie un aspecto áspero, aunque las escamas cefálicas son más pequeñas y numerosas.
El cuerpo tiende a ser cilíndrico y de cola corta, alcanzo considerable tamaño, con aparentes variaciones en distintas zonas del continente (existe sólo una especie para Centro y Sudamérica), hasta 1,60 m. para Costa Rica, 1,80 m. para Misiones y hasta 2 metros se cita para el Chaco Paraguayo.
La cabeza es grande y bien diferenciada del cuerpo, el ojo es moderado con pupila vertical y entre el ojo y la narina posee un órgano termorreceptor en una foseta loreal.
Por último, tiene también en su cola un conocido sonajero con anillos de queratina huecos, el cual suma un nuevo anillo en cada muda de piel, y que agita avisando su presencia ante el peligro. Definitivamente la cantidad de anillos no tiene relación directa con la edad del individuo (las mudas pueden producirse con frecuencia menor a un año y otras veces el individuo puede perder anillos).
Es terrestre, diurna o crepuscular según la estación. Se alimenta de roedores a los que inmoviliza primero con su veneno de acción neurotóxica (suele dificultar o impedir la respiración) y hemolítica (se manifiesta con hemorragias).
Vivípara, las camadas son más o menos numerosas según la región (de entre 20 a 35 crías).

Yarará: Los crotálidos o víboras de fosetas no solo incluyen a las serpientes de cascabel o crótalos propiamente dichos, hay otras muchas especies de serpientes Americanas o Asiáticas que desprovistas del dispositivo sonoro que da nombre a aquellas, pertenecen a dicho grupo y tienen por lo tanto colmillos “solenoglifos” y veneno Citotóxico – Hemotóxico, además de las fosetas loreales termosensibles. Dada a su peligrosidad y su cabeza triangular, rápidamente disparada para atacar, se bautizo con el apelativo de “Fer de lance” (hierro de lanza). Estas pertenecen al género de Bothrops, nativo de América Central y Sudamérica, el cual cuenta con unas 50 o 60 especies. En la Argentina contamos con 6 especies.
Especies de Bothrops en Argentina
Bothrops jararacussu (conocida como Yarará cuzú)

Comentario: La yarará cuzú es entre sus congéneres, una de las más emblemáticas y temidas.
Un ejemplar adulto de esta víbora alcanza 1,80 metros. Sus colores la constituyen en una especie de llamativa belleza.
Presenta rombos de coloración negro verdosa separados por líneas de vivos amarillos que forman un “V” extendida y afinada hacia el centro. El vientre es amarillo pálido y en la zona lateral interior pueden apreciarse pares de nítidas manchas negras redondeadas.
No es una especie tan corpulenta como por ejemplo Bothrops alternatus. Ello, combinado con su alta agresividad, y su veneno hemorrágico, necrosante y proteolítico de acción rápida la hacen sumamente peligrosa si se frecuentan lugares de vegetación tupida sin protección adecuada. Las lesiones en los tejidos pueden presentarse a los 15 minutos de haber sido mordido, aunque cabe destacar que los conocidos sueros bivalente y polivalente neutralizan la acción generalizada del veneno.
Es exclusiva de la Provincia de Misiones. Es Vivípara. Por otro lado, la cuzú ha desarrollado un intersexo, característica que sólo comparte con la yarará amarilla (Bothrops insularis), del Brasil.
Bothrops neuwiedi diporus (conocida como: yarará chica, yarará panza blanca, cotiara, guatiara, jararaca pintada, kiryry´o, jararaca do rabo branco.)

La yarará chica que habita Misiones, es una de las doce subespecies de Bothrops neuwiedi, la cual se extiende a Paraguay y Rio Grande do Sul , Brasil. Se sostiene que incluso son muy frecuentes las notorias variaciones entre las mismas subespecies.
Llega a medir 90 centímetros, y por tal razón no es tan venenosa como Bothrops alternatus y Bothrops jararacussu, no obstante la peligrosidad y toxicidad inherente a toda mordedura de yarará. Posee dos filas de manchas dorsales marrones alternadas o unidas, con bordes blancos o claros. Debajo de cada trapecio, tiene dos manchas oscuras, separadas. El fondo, en cambio, se lo describe como marrón – rojizo, café claro o gris. También posee una franja oscura que corre desde detrás del ojo hasta la comisura de la boca. Se la distingue de otras especies como Bothrops alternatus a través de su aspecto menos colorido/más grisáceo, con manchas dorsales menos diferenciadas del fondo. Comúnmente tiene hábitos nocturnos.
Algunas subespecies están bien adaptadas a hábitats semiáridos. Son vivíparas.
Bothorps alternatus (conocido como “Crucera”, “Cruzada” o “Urutú” o Yarará de la Cruz, Crucera, Cruzada, Urutú, Cruzeiro, Jarará aka curuzú, Mboí kuatiá.)

Es una víbora de apariencia robusta, orilla 1,50 metros en los ejemplares adultos. Tiene un vientre blancuzco. Su veneno posee una hemotoxina que impide que la hemoglobina de la sangre de los pequeños mamíferos que captura no pueda llevar oxígeno hacia los tejidos. Su mordedura es bastante más peligrosa que la de Bothrops neuwiedi. Se la conoce como uno de los reptiles más elegantes de su grupo (Bothrops) y el nombre (“crucera” o “de la cruz”), se le atribuye por el particular dibujo que algunos de sus ejemplares poseen sobre su cabeza, conformado por dos finas lineas blancas transversales, que cuando se tocan forman una cruz.
La crucera tiende a ser más corpulenta, aunque de menor largo que otros ejemplares como la yarará cuzú (Bothrops jararacussu) o la cascabel (Crotalus durissus terrificus). En la foto, dos ejemplares juntos, en la cual puede observarse el grosor de su cuerpo.

Bothrops jararaca (conocida como Jararaca, yararacá, lanceolada, perezosa, common lancehead)
Sin dejar de ser peligrosa, se la caracteriza como una especie no muy activa o agresiva, cuyo tamaño se describe entre los 90 y 120 centímetros según las fuentes (probablemente por la variación de sus poblaciones y subespecies), delgada, de color gris cenizoso, con dibujos laterales negros. Los ejemplares jóvenes tienen la punta de la cola color amarillo, para atraer presas, básicamente pequeños anuros, en su adultez se alimentan de roedores.
En algunas regiones de Brasil provocan la mayoría de los accidentes ofídicos.
Es vivípara y de hábitos nocturnos. Se destaca su propensión a grandes desplazamientos, como así también a frecuentar hábitats humanos y zonas límites de huertas.
Actualmente se estudia en Brasil una proteína perteneciente a Didelphis marsupialis (Comadreja orejas negras), la cual anula aparentemente los efectos letales del veneno de Bothrops jararaca.
Bothrops ammodytoides (Yarará ñata)
Bothrops Moojeni

Es una especie de Yarará nueva en lista conocida en la Argentina, es conocida también con el nombre de Caizaca o quemadura en Brasil.
Presenta una cabeza triangular sin dibujo alguno, su cuerpo es marrón claro, presentando dibujos a medialuna de color negro. Su parte vertebral es totalmente clara. Es sumamente agresiva, por lo que se niegan a recibir alimento en cautiverio.
Bothrops Atrox
No la incluímos en la nueva lista por no poder comprobar, hasta la fecha, su presencia en la Argentina.
Prevención de los accidentes por Serpientes y otros animales venenosos
Sentidos de la Serpiente
Las serpientes no poseen el sentido del oído ya que no poseen tímpanos. solo pueden captar las vibraciones del suelo. La visión de las serpientes es mala, aunque logran fijar y seguir un objeto que esta a pocos metros de distancia. Las víboras y los crótalos poseen pupilas verticales como los ojos de los gatos, las cuales se dilatan extraordinariamente como adaptación a una visión nocturna pues suelen cazar de noche o en lugares oscuros. Esta aparente disminución de la capacidad sensorial se encuentra compensada en las serpientes mediante un extraordinario sentido del gusto y del olfato, que no solo radica en las fosetas nasales. Poseen un curioso doble órgano situado en el cielo de la boca, el cual no tiene símil en la anatomía de otros animales y que se llama órgano de Jacobson. Dicho órgano tanto olfatorio como gustativo consiste en un par de depresiones localizadas en el paladar, en que las numerosas células sensoriales captan y transmiten los estímulos olfatorios. Esta es la razón por la que las serpientes sacan con tanta frecuencia su lengua bífida, y la introducen de nuevo a la boca, llevando así las partículas olorosas recogidas hasta los órganos de Jacobson, que utilizan para cazar y seguir el rastro de sus presas. De esta manera, incluso aquellas serpientes que como las víboras, dejan escapar a su presa tras haberla mordido pueden luego localizarla siguiendo o “degustando” su rastro hasta el lugar donde haya muerto envenenada, a veces bastante lejos de la madriguera.
Las serpientes de cascabel y demás crotálidos poseen aun otro órgano sensorial verdaderamente único y peculiarisimo, estos ofideos se conocen con el nombre de víboras de fosetas, debido a que entre los ojos y las aberturas nasales disponen de unos orificios llamados fosetas loreales que son la entrada a dos excavaciones del hueso maxilar, una a cada lado cubierta por una membrana donde hay gran numero de terminaciones sensitivas o receptores. Hoy se sabe que son órganos termosensibles capaces de captar las ondas infrarrojas del aire, es un sexto sentido que les permite apreciar diferencias de temperatura de 0.2 grados a medio metro de distancia.
Las víboras de fosetas usan este especial sentido de termovisión para localizar y atacar a los pequeños animales de sangre caliente.
Boas y pitones, también cazadoras al acecho poseen igualmente dispositivos termosensibles pero situados en los labios, en donde existen una docena de pares de estas fosetas.
Conociendo la manera de relacionarse con el medio ambiente y como perciben los estímulos exteriores podemos saber como prevenirnos y como hacer para disminuir las posibilidades de encontrarnos con alguna Serpiente.
Es importante saber que los seres humanos no somos presas de estos reptiles, y que nosotros representamos una amenaza para estos, por lo que ninguna especie de serpiente nos atacara directamente, siempre lo hará por sentirse agredida y a manera de defensa, utilizando antes métodos de disuasión, a fin de eludirnos y no malgastar veneno del que en último extremo depende su supervivencia. Las pautas de disuasión son visuales en unos casos, acústicos en otros. Muchas culebras inofensivas o sólo débilmente venenosas adoptan actitudes amenazantes cuando se las molesta, inflan el cuello, se yerguen para parecer mayores o expulsan con frecuencia aire de su único pulmón, llamado por esta razón saco soplador o silbador. Otras serpientes han desarrollado pautas cromáticas sumamente llamativas y, de una forma pasiva, son vivientes señales de peligro. Las combinaciones, rojo y negro, amarillo y negro o blanco y negro son reconocidas como banderas de peligro por la mayoría de los seres vivos, tales combinaciones de colores son comunes a animales venenosos pertenecientes a grupos zoológicos bien distintos (amarillo y negro es la combinación de colores propia de las avispas, abejas y escarabajos que contienen sustancias tóxicas y de ciertas ranas venenosas de Sudamérica), pero es en las serpientes de coral donde la coloración de advertencia posee mas sofisticación, exhiben una característica secuencia de bandas rojas, amarillas o blancas y negras. Incluso para los más expertos herpetólogos no es por eso fácil distinguir una especie de otra. La coloración coral es común a elápidos muy venenosos como a colúbridos con veneno de potencia intermedia y falsas serpientes de coral. Las víboras poseen generalmente coloraciones crípticas o de camuflaje, pero, si se las importuna, friccionan las escamas de sus anillos haciendo “eses”, con lo que consiguen sus zigzagueantes dibujos sean más ostensibles y en algunos casos originan un ruido perceptible.
Sin duda el dispositivo de advertencia más exquisito o paradigmático de todos es el cascabel o crótalo de las serpientes de cascabel, se trata de una autentica sonaja formada por 6 a 12 segmentos huecos, trilobulados, engarzados entre si y situados en cadena en el extremo de la cola, de modo que al agitar esta, se produce la fricción de los tales segmentos originando un ruido característico.
Finalmente cabe considerar que, en general, las serpientes utilizan con alguna frecuencia su mordedura como defensa, nos referimos al efecto puramente mecánico de esta y sin que exista inoculación de veneno, el no vaciamiento del contenido de las glándulas venenosas al morder es una forma de ahorrar veneno que ha de ser utilizado para la captura de las presas, pero es impredecible saber cuando la serpiente decidirá realizar una mordedura efectiva ante lo que para ella es una amenaza, ni la cantidad de ponzoña que vaya a inocular.
Para evitar o minimizar las posibilidades de encontrarnos con una serpiente debemos asegurarnos que estas sepan de nuestra presencia, es importante mientras se camina por un campo, pisar lo mas fuerte posible para producir mayor cantidad de vibraciones para que estos ofideos sientan nuestra presencia, si hay mas de una persona, el grupo debe disponerse en fila india y todos deben ir “pisando fuerte” para ampliar las ondas y dar lugar a que la serpiente escape. El primer individuo debe ser el que mejor calzado tiene, preferentemente botas altas, para evitar cualquier posible mordedura. Debe evitarse caminar descalzo durante la estancia en países cálidos o tropicales, especialmente de noche y aún en las inmediaciones de casas u hoteles. Serpientes y escorpiones frecuentan los alrededores de las viviendas humanas en horas nocturnas para capturar roedores o insectos atraídos por la luz. Usar en áreas salvajes un calzado cerrado, y pantalones gruesos, ofrece una gran protección. Inspeccionar y sacudir el calzado y las ropas dejadas al exterior antes de ponerlas, una serpiente o un insecto podría haberse introducido dentro. Evitar vestirse con ropas oscuras o con motivos florales o colores vivos, así como el uso de perfumes, desodorantes, todas estas cosas atrae a las avispas. Si algún insecto volara a nuestro alrededor no espantarlo con gestos violentos sino con suavidad. No dejar las carpas abiertas ni las bolsas de dormir extendidos sobre el terreno.
Debe evitarse levantar piedras y remover arbustos, son lugares donde serpientes y escorpiones gustan ocultarse. Observar donde se ponen manos y pies al avanzar sobre paredes rocosas, no introducir la mano en cuevas o cavidades angostas, las madrigueras de conejos y otros animales son a menudo aprovechadas por las serpientes. Evitar las inmediaciones de colmenas y nidos de avispas si se conoce su ubicación. Explicar la peligrosidad de las serpientes a los niños, especialmente en el caso de especies de colores brillantes que pueden atraer su atención. No molestar ni tratar de capturar o matar a una serpiente por pequeña que sea o aunque haya mordido a una persona, si el reptil esta muerto evitar su manipulación, a menudo podrá morder reflejamente durante algún tiempo después. Ir con los vidrios del auto levantados en caminos con vegetación cerrada.
Tratamiento in situ de las mordeduras de serpientes
Pasos
1. Constatación de la mordedura e identificación de la serpiente
Muchos individuos no saben distinguir ningún tipo de serpiente por lo que se alarman extraordinariamente si algunas les muerden o aun si solo les roza. La simple inspección de la supuesta zona mordida nos dirá si efectivamente ha habido una mordedura, y nos podría llegar a orientar acerca de la serpiente que la ha producido cuando esta haya escapado. Las marcas dejadas por las víboras y crotálidos al morder son dos pequeñas heridas lineales, rara vez una sola, que se encuentran separadas menos de 1 cm. de distancia, bien diferentes de las marcas dejas por las culebras y las serpientes elápidas, que son dos filas de punciones paralelas o algo divergentes, si bien en los elápidos se ven siempre mas patentes las dos heridas de los colmillos anteriores. Cuando ha habido inoculación de veneno, el dolor y la inflamación suelen aparecer desde el primer momento, salvo en las mordeduras de serpientes de venenos neurotóxicos (Elápidos) donde no existe relación entre la intensidad de dolor y de los síntomas locales con la gravedad del envenenamiento. Se debe tratar de identificar a la serpiente pero sin tratar de capturarla, podrían ser entonces dos los accidentados en lugar de uno. Cuando haya sido muerta es útil conservar el cuerpo para luego identificarla en el centro sanitario al que se traslade el enfermo.
2. Lazo hemostático
El uso de un lazo hemostático pretende solo enlentecer la difusión local del veneno, deteniendo la circulación linfática, no la venosa ni mucho menos la arterial. Un lazo demasiado apretado resultara más dañino que la propia mordedura, pudiendo engangrenar un miembro cuando este se edematice por la acción del veneno aumentando la gravedad local de la mordedura. El lazo hemostático debe colocarse suficientemente suave como para que pase un dedo facilmente entre la piel y el lazo, revisándose continuamente ya que con la inflamación este puede ir apretándose solo. Si no se van a tomar estas medidas precautorias se recomienda no poner nada.
3. Reposo, Inmovilizar extremidad
Casi toda persona que ha sido mordida por una serpiente, cree que puede morir o que va a morir irremisiblemente, pero esto no es lo común y ocurre raramente, la víctima ha de saberlo así, debiendo tranquilizarla al respecto y explicar que la inmensa mayoría de las mordeduras de serpientes, aun las mas venenosas, no son mortales. El pánico y la ansiedad, al producir taquicardia, aumentan la difusión del veneno, y se han conocido casos de personas fallecidas por infarto de miocardio tras haber sido mordidas por ofidios totalmente inofensivos. No obstante, debe evitarse la administración de ansiolíticos potentes o de hipnóticos que induzcan una disminución del nivel de conciencia. El dolor puede ser aliviado con Paracetamol, ibuprofeno o aspirina, no deben administrarse morfinicos ya que deprimen los centros respiratorios, sobre todo en cuadros de nurotoxicidad. Los corticoides no parecen tener gran utilidad y aun menos los antihistamínicos. La colocación de hielo en la zona mordida y edematizada puede agravar la necrosis al producir vasoconstricción. Debe mantenerse a la víctima hidratada. El miembro debe quedar inmovilizado con una férula o rudimento de la misma, es valido un simple pañuelo en forma de cabestrillo que mantenga el brazo en reposo.
4. Tratamiento de la herida de alto riesgo
Las mordeduras de serpientes se asocian con la contaminación por bacterias anaeróbicas, productos de mionecrosis y gangrena gaseosa, el tétano es otra infección posible, las condiciones de anaerobiosis en la herida propician la contaminación y crecimiento de esporos de “clostridium tetani” presentes en la boca del animal.
Las formas más severas de presentación de las infecciones en estas heridas son las que afectan en profundidad a los tejidos necrosados y desvitalizados por la citotoxicidad de la ponzoña, en los que la edematización e inflamación dificulta la circulación sanguínea.
La infección en estos casos es reconocida por la presencia de cordones flebiticos y linfagíticos, o de exudados malolientes, purulentos y sanguinolentos en la herida. El tejido celular subcutáneo se encuentra endurecido a la palpación, con consistencia de madera, y a veces se observan áreas de necrosis que progresan por sus bordes. La piel puede mostrar ampollas hemorrágicas. La gangrena gaseosa produce una especial crepitación a la palpación, en esta los músculos aparecen grisáceos o negruzcos. En todas las formas de infección profunda hay una gran afectación general, con fiebre elevada, taquicardia e hipotensión arterial, la muerte puede sobrevenir como resultado de una septicemia con shock séptico y fracaso renal.
La prevención de estas complicaciones infecciosas debe hacerse desde un primer momento mediante un meticuloso lavado y posterior desinfección de la herida (protocolo de tratamiento de heridas de alto riesgo). Debe aplicarse la inmunización antitetánica, para lo cual deberá darse una dosis de refuerzo del toxoide tetánico en pacientes que ya recibieron previamente la vacunación completa. En pacientes no vacunados con anterioridad se administrara una dosis, otra al mes y una tercera al año. Las heridas mas graves, sucias y gangrenosas requerirán además la administración conjunta de inmunoglobulinas antitetánica.
5. Traslado Urgente para la inyección de suero antiofídico
Actualmente los sueros antivenenosos se fabrican en bastantes países frente a las ponzoñas de serpientes y otros animales existentes en la zona geográfica.
El fundamento de su producción consiste en obtener anticuerpos o inmunoglobulinas en animales domésticos o de experimentación como caballos, cabras o cobayos, mediante la inyección a estos animales de dosis progresivas de veneno. Por proceder de otra especie animal, es decir, tratarse de sueros heterologos, son altamente sensibilizantes y anafilácticos.
En el caso de serpientes, los sueros a ellos destinados pueden ser monovalentes, es decir específicos contra el veneno de determinada especie, pero también polivalentes. Estos últimos contienen antivenenos frente a varias especies, las más comunes implicadas en accidentes en una determinada región geográfica, por ello son de elección cuando no se a determinado con exactitud la especie responsable del envenenamiento, pero cuanto más polivalente sea el suero (o sea que más especies “cubra”) es más probable de que haya una reacción anafiláctica, ya que más anticuerpos extraños posee.
En la etapa pre hospitalaria no esta recomendada la administracion de sueros antiofidicos ya que las posibilidades de reacciones anafilacticas contra el suero son importantes, y estas aumentan si son sueros polivalentes. La etapa prehospitalaria estará destinada a la pronta evacuación y a la llegada rápida a un centro de atención definitiva.

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